Cuando en el año 2002 entré nuevamente en contacto con el dramatugo Pedro Monge Rafuls, editor de Ollantay Theater Magazine, le presenté el proyecto en el que veníamos trabajando calladamente Carlos Arteaga y yo. Se trataba de la publicación de una revista especializada en teatro para niños y jóvenes, en un momento en que florecía en Venezuela esta modalidad teatral dirigida a los pequeños y jóvenes de la casa. La idea tomó fuerza entonces con el apoyo decisivo de Monge Rafuls, así que nos dimos a la tarea de contactar algunos grandes amigos, como Gladys Pacheco (fallecida el 30 de octubre de 2005), Bruno Mateo, Carlos Herrera, Odalys Villamil, Yulima Franco y colaboradores de la talla de Luis González-Cruz, Pedro Riera, Carlos Marianidis y Hugo Salcedo, entre otros.

Con el espíritu colaborativo de todos y la contribución financiera de Carlos Arteaga Istillarte, en enero de 2003, comenzó a circular el primer número de la revista CentroMolinos. Desde este espacio web, celebramos la aparición de esta revista, que hoy ponemos a disposición de otros lectores, en otro contexto y momento.

EDITORIAL

Con algo de obstinación y mucho esfuerzo, celebramos con júbilo la publicación del primer número de nuestra revista. Y es que los tiempos son propicios para acercarnos con regocijo a la fiesta que desde hace ya algunos años, viene oficiando el más pequeño de todos los teatros, este que entreteje magia y cotidianidad, diversión y discernimiento, sombras y esperanzas. Un pequeño teatro que demuestra cada día, tener la suficiente altura y madurez para dialogar con los más pequeños.

Lamentablemente, aún hoy el teatro para niños, adolescentes y jóvenes no ha logrado deslastrarse de rancios arquetipos, como el uso y abuso de una dramaturgia con orientación pedagógica y/o moralizante. También pudiera alguien apuntar que muchos de los montajes dirigidos al público infantil son escasamente creativos, elementales o conservadores. (Aunque los mismos calificativos bien podrían aplicarse a muchas puestas para adultos). Para suerte y salud del teatro infantil, de estos últimos prototipos ya van quedando menos. Incluso, ya deben ser minoría aquellos que consideraban el teatro para niños y jóvenes como una perpetua Cenicienta o como una Bella condenada a dormitar en el Limbo. Creo que nuestro teatro, lejos de esperar compasión, persigue con pasión el respeto que merece.

Pero esta batalla es ardua, como cualquier otra. No habrá necesidad de enfrentarse a esos molinos que, tocados por la imaginación del poeta, se nos presentan cual imbatibles gigantes. Mejor será ir a la conquista de nuestros espacios; será más saludable intentar acoplarnos, crear un corpus, sin que de un lado estén los que se apoyan en actores para contar su historia o los que cuentan la suya valiéndose del talante y el talento de los títeres. Será más sensato mirar hacia atrás y recordar a aquellos que dedicaron su tiempo a este difícil arte. Y -¿por qué no?- también será prudente comenzar a reclamar. El teatro para niños y jóvenes necesita de críticos, además de diseñadores, actores, dramaturgos y directores con una sólida formación académica. Igualmente, se requiere del interés de las editoriales nacionales por la dramaturgia infantil, así como necesitamos de certámenes que estimulen esta modalidad literaria.

Por todo esto, y por otras razones que no pudimos apretar en estas líneas, abre sus páginas CentroMolinos, Revista semestral de teatro para niños y jóvenes, con el interés de contribuir a la génesis de un corpus teatral; con el fin de compartir el trabajo de nuestros creadores; con la voluntad de comunicar toda la información que nos hagan llegar los teatreros de otras latitudes; con la esperanzade que el tiempo no nos arrebate la metáfora del vuelo de una paloma en sombra chinesca.

Eddy Díaz Souza / enero 2003.