Por Luis de la Paz

Fuente: Diario Las Américas

Fecha de publicación: 08/23/2008

Disponible en: http://www.diariolasamericas.com/news.php?nid=60038

Cuando Laura Zerra y Eddy Díaz Souza tuvieron la idea de coordinar la lectura dramatizada de La crónica y el suceso, obra que inicia la dramaturgia de Julio Matas, estaban haciendo justicia con una pieza destacada dentro del teatro cubano que nunca antes se había estrenada, ni siquiera se había hecho una lectura ante el público.

Escrita en 1963 cuando el autor contaba unos treinta años, la pieza marcaba un nuevo eslabón en la vida artística de Matas, que ya en ese entonces había publicado poesía, dirigido teatro y se había desempeñado como actor en cine y teatro. La crónica y el suceso se publicó en 1964, por Ediciones R, colección dirigida por Virgilio Piñera. El dramaturgo y ensayista Matías Montes Huidobro ha dicho que La crónica y el suceso, es la ópera prima y a su vez la obra maestra de Matas.

El autor creó una pieza en dos planos, una cafetería y un tribunal donde se dilucida la muerte de un hombre. El texto juega con el teatro del absurdo y el teatro dentro del teatro, logrando una obra rica en matices y también arriesgada, pues posee una estructura cerrada, realista y compleja, donde se convocan a más de treinta personajes.

Sobre la misma, otro dramaturgo, Pedro Monge Rafuls, director de la Revista Ollantay y voz autorizada afirma: “La crónica y el suceso no es una obra fácil. Por su estructura, probablemente sea un de las piezas más controversiales del teatro cubano”. Y este tal vez sea el mejor elogio que pueda recibir un autor sobre su obra, ya que sólo lo transgresor, lo que provoca y desafía a su tiempo, tiende a dejar una huella. Esa afirmación quizás explique también por qué La crónica… nunca fue estrenada, ya que resultaba difícil, arriesgada, controversial y provocadora. Monge redondea su idea cuando señala: “Por su técnica, estilo y forma, esta obra rara y experimental, es dramáticamente certera”, añadiendo: “Dramáticamente ofrece una novedad en el momento en que fue escrita, que llega hasta nuestros días”.

  Julio Matas saluda a los actores

en la noche de su homenaje.

Foto: Diario Las Américas

La lectura dramatizada de esta obra dejó claro que se trata de una pieza de características muy particulares. Julio Matas, presente en la lectura, dijo: “Me siento muy satisfecho. Han hecho un trabajo estupendo”. Una de las particularidades de esta pieza en tres actos, es que lo que ocurre en el segundo se aparta de lo que sucede en el primero, mientras que en el tercero se regresa hábilmente al primero, redondeándose de esta manera la estructura de la pieza. Valga señalar que en La crónica y el suceso, el personaje que matan es a “un tal Julio Matas”, es decir, el autor se incorpora como personaje.

Julio Matas tiene una larga y sólida trayectoria en la literatura cubana. Es novelista, poeta, ensayista y fue profesor. Se le atribuye haber sido quien dio a conocer el teatro del absurdo en Cuba, al dirigir en La Habana, La soprano calva de Ionesco y Falsa alarma de Virgilio Piñera. Su dramaturgia personal comprende La crónica y el suceso (1964), la única obra de teatro que escribió y publicó en la isla, El extravío (1990), Juegos y rejuegos (1992), así como El rapto de La Habana (2002), que reúne 8 piezas dramáticas. Además, en otros géneros dio a conocer, Entre dos luces: modelo de un destino antillano (novela), Catálogo de imprevistos (cuento), Retrato de tiempo (poesía), Transiciones, migraciones (cuentos) y Erinias (cuento).

Nacido en La Habana, desde joven Matas estuvo muy vinculado al arte, desarrollando una meritoria labor como director con obras del repertorio internacional, ya citamos a Ionesco. Durante los años cincuenta colaboró en la publicación de la revista Laberinto. Luego fundó el grupo teatral Arena y en esa etapa de actividad artística, actúa en Una confusión cotidiana de Tomás Gutiérrez Alea, sobre un cuento de Kafka. Valga señalar que la fotografía de ese corto estuvo a cargo de Néstor Almendros.

Durante la lectura, un elenco de primeros actores, integrado por Fernando Pelegrín, Mercedes V. Ruiz, Jorge Ovies, Laura Zerra, Rodolfo Valdés Sigler, Lizaida Mansito, Reinaldo González Guedes y Pedro Muñoz, hizo un excelente trabajo bajo la dirección de Eddy Díaz Souza.

Hace unos años, en una entrevista para este periódico, le pregunté a Matas sobre sus inicios en el teatro y sobre su aporte personal al género. Repondió: “Empecé mi entrenamiento en el Teatro Universitario, donde se daba preferencia al teatro clásico griego y al español del Siglo de Oro. Después vinieron años de búsqueda, de aprendizaje. En el año 53, fundé, con otros compañeros, el grupo teatral Arena, con la intención de presentar obras con el público alrededor de los actores; se trataba de acercar a la audiencia al trabajo de los intérpretes, sin ninguna distancia o interferencia. Las primeras funciones de Arena se hicieron en una valla de gallos, la Valla Habana, en la Plaza de Aguadulce: Recuerdos de Berta, de Tennessee Williams, fue mi contribución a aquel experimento. Después, en 1954, monté la Medea, de Eurípides, dentro del mismo concepto de teatro circular, en el Sindicato de Torcedores. La cantante calva se presentó primero en la salita del Lyceum y Lawn Tennis Club y luego pasó a temporada en el Teatro Atelier, de Adolfo de Luis. Ya en esta época, 1957, el movimiento de las salas-teatro se había consolidado. Falsa alarma se estrenó en el Lyceum, bajo mi dirección, ese mismo año 1957. Había nacido así, con estas dos obras, la corriente del absurdo en el teatro cubano”.

Si La crónica y el suceso nunca antes había estado en un escenario, hay que destacar que Juego de damas es su pieza más representada. Esta joyita se inserta en el marco del teatro de la crueldad. En ella, dos mujeres aguardan por el encuentro con una tercera, una antigua vecina, para saldar viejas cuentas emocionales. Es una obra desgarrada que vuelve al tema de la soledad, tratada con maestría y donde se presenta la venganza como posible solución.

En esta época en que los directores locales buscan obras en la isla, en muchos casos de autores oficiales o recién revindicados, es importante mostrar, destacar y reconocer la obra de los autores cubanos exiliados, víctimas del régimen cubano. La lectura en Teatro en Miami, constituyó un homenaje, más que merecido, a la obra de Julio Matas y desde luego, a los cubanos desterrados.