Entrevista realizada por Eddy Díaz Souza.

Entrevistado: Juan Carlos Azuaje, Presidente del TIN*   

(Especial para la revista CentroMolinos)**

Sede de la agrupación Teatrela.

Fecha: Noviembre 2003.

 

Eddy Díaz Souza (EDS): Nuestros lectores encontrarán en estas líneas, interesantes reflexiones y comentarios sobre la historia del Teatro Infantil Nacional (TIN), institución que ha logrado calar y escalar apetecidas (y merecidas) posiciones que la destacan como la cabeza del teatro para niños en Venezuela. Aprovechemos entonces esta oportunidad que nos brinda Juan Carlos Azuaje y conozcamos un poco sobre los orígenes de la institución que actualmente preside. [1] 

Juan Carlos Azuaje (JCA): Claro que sí, Eddy. Hablar del Teatro Infantil Nacional es remontarse un poco a toda la transformación teatral que en nuestro país estaba ocurriendo, a finales de la década de los ochenta. A través de la gestión de José Antonio Abreu y con el impulso maravilloso de Carlos Jiménez, quien logró sentar buenas bases para el teatro venezolano, el país comenzó a transformarse. Comenzó a transformarse en Teatros Nacionales Juveniles (TNJ) y en Compañías Regionales de Teatro (CRT). Las Compañías Regionales de Teatro fueron creadas además por un Decreto del Directorio del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC), donde cada estado debía tener una Compañía Regional. Esto un poco ―creo― animado por el modelo francés. Y suponía también que los Teatros Nacionales Juveniles (TNJ) representaban una gran oportunidad para el joven intérprete, donde éste se iba a formar para luego engrosar las filas de las Compañías Regionales. Viéndolo de esta manera era un proyecto bastante importante, como importante también fue la inversión económica que se hizo en ese momento. 

 

Esta inversión económica hizo que mucha gente que pertenecía a los colectivos teatrales, y que venían trabajando en el teatro para niños, huyeran en estampida hacia estos centros de producción, hacia los TNJ, hacia las Compañías regionales, porque comenzaban a ofrecer salarios nada despreciables.  

A finales de los ochenta y en los noventa, ganar diez mil, quince mil, veinte mil bolívares mensuales para un actor o un director, que no lo había ganado nunca, representaban una ventaja muy grande de supervivencia y de reconocimiento hacia la actividad; era un logro, de alguna manera. Pero empezamos a quedarnos sin gente, porque ―como ya dije― la mayoría se iba a los TNJ y Compañías Regionales… Particularmente considero que fueron proyectos que hoy, a veintitrés años de distancia, pueden ser vistos como poco exitosos: tenemos muy pocos TNJ y muy pocas Compañías Regionales, por ejemplo. En el caso de los TNJ creo que faltó un poco de riesgo. Los TNJ empezaron a atacar el teatro clásico, cuando eran jóvenes que se podían permitir otro tipo de locuras, ¿no? Y en el caso de las Compañías Regionales, comenzaron a establecerse en el seno de otras compañías. Tenían una doble cara. De ahí que había una agrupación que hacía dos temporadas al año: una vez se llamaba Compañía Regional de Teatro del estado tal y otra vez se presentaba con su nombre original. Creo que esos esfuerzos se confundieron y se perdieron en el mapa. En todo caso, causaron un gran impacto en su momento de aparición. A pesar de todo lo que he dicho, considero que el balance fue positivo.  

Fue entonces cuando yo busqué una respuesta hacia el sector teatral para niños, junto con Carlos Jiménez y Abreu. Ellos me proponen la creación de la Compañía Nacional de Teatro para niños de Venezuela. Ya existía la Compañía Nacional ―desde el año ochenta y tres, aproximadamente, que fue creada por Decreto Presidencial― y querían crear ahora la Compañía Nacional de Teatro para niños. Yo les dije: ¡es fabuloso, podríamos hacerlo!, pero yo creo que la Compañía Nacional tiene la misión, la noble misión, de hacer también teatro para niños. Cosa que hoy, en el dos mil tres, no ha hecho aún la Compañía Nacional. Mi planteamiento entonces fue no diluir esfuerzos en la creación de más compañías, sino en fortalecer las ya existentes. A ellos les pareció lógico el planteamiento y me pidieron convocar a los mejores directores del teatro para niños en ese momento, con la finalidad de reflexionar y hacer una propuesta.   

Nos reunimos: José León, un gran hombre de teatro del que aprendí muchísimo y que ha sido escuela para muchos actores que han pasado por Los Monigotes; Armando Carías, cuyo trabajo con su grupo Chichón de la Universidad Central de Venezuela es también muy reconocido; Dagoberto González, que venía proponiendo una tendencia bastante juvenil en el teatro; Carmelo Castro, con una proyección importante con el grupo Thalía y Teatrela, que era la agrupación más joven de este conjunto y veníamos tratando de darle un vuelco a lo que era el teatro infantil en ese momento. Nos reunimos y dimos nacimiento al Teatro Infantil Nacional. 

 

Primero se llamó Teatro Nacional Infantil en el papel de trabajo. Y en una reunión maravillosa, Armando Carías ―con esa vocación de periodista y publicista― propuso: “me suena TIN, Teatro Infantil Nacional”. Y quedamos TIN. Y de allá para acá, lo hemos llamado TIN. Con un pequeño problema, que es “Teatro Infantil Nacional”. Y el pequeño problema va referido a que la gente está buscando siempre el aspecto “nacional” de…, es un problema llevar sobre sí el nombre de “nacional”. Y ese problema, pues, poco a poco lo hemos ido atacando para tratar de ser, verdaderamente, nacionales. Los intentos han sido pequeños, pero bastante fructíferos.

En cuanto a la cantidad de programas que el TIN, desde el año ochenta y nueve, cuando se crea y es anunciado por Abreu en un módulo de atención popular en Carapita, han sido muchos hasta la fecha de hoy. Si evaluamos todo el camino recorrido, podríamos decir que hemos avanzado sobre una gestión sólida, sobre una gestión de creadores del sector que se preocupan por el sector mismo. Por eso, soy de la opinión que algún día el Teatro Infantil Nacional debería ser asumido como un ente tutelado del Estado, porque los problemas que nos planteamos y las situaciones que nos planteamos, son también preocupaciones del Estado. De ahí pues que hemos tenido un crecimiento continuo, hemos tenido también un crecimiento sostenido; a veces, un poco maltratados, año tras año, con el tema de los subsidios; sin embargo, hoy, todavía estamos aquí.   

Cinco hombres emprendimos la tarea de crear esta institución. Lo vuelvo a repetir, ellos son Armando Carías, José León, Carmelo Castro, Dagoberto González y yo, Juan Carlos Azuaje. Un poco más tarde, quizás a los ocho años del TIN, más o menos, Dagoberto decidió tomar otro camino y abandonó voluntariamente las filas del TIN. Y nos quedamos nosotros cuatro. Hace aproximadamente cuatro o cinco años, el Teatro Infantil Nacional abrió las puertas y entraron dieciocho nuevos miembros. La agrupación TIN creció, con sangre joven, con nuevos miembros que siempre miraban de afuera hacia adentro con cierta, digamos, desconfianza hacia quienes estábamos ahí y estábamos llevando la idea integradora del Teatro Infantil Nacional. Ahora que estaban adentro, se daban cuenta que no nos repartíamos la macolla, el dinero… y que no teníamos nada que ver con los subsidios del CONAC… porque la gente nos veía también como un CONAC. Entonces fue cambiando la idea. Hoy día tenemos un promedio de veinte socios dentro del Teatro Infantil Nacional y una Junta Directiva, operativa, que se elige cada tres años. Los primeros años lo dirigió Armando Carías, después fue presidente Carmelo Castro, luego yo… Hasta que me dieron un golpe de Estado. Es muy cómico. El TIN está con los acontecimientos nacionales. En el año noventa y dos, tuvimos un golpe de Estado, aquí en Venezuela, un intento de golpe de Estado. Bueno, a mi dieron un golpe de Estado, creo que en el año noventa y nueve. La Junta Directiva me dio un golpe de Estado y me sacó de la presidencia del TIN. Y recién, en el año dos mil dos, volví otra vez. “Por el clamor popular”, entré otra vez al Teatro Infantil Nacional. Entonces es una institución bastante democrática, en ese sentido, porque la Asamblea de Socios es celosa y la Junta Directiva tiene que rendir cuentas a la Asamblea de Socios. Funcionamos así. Es duro, da mucho trabajo, pero estamos complacidos de todo el camino recorrido.

EDS: ¿Podrías ser más explícito en cuanto a la estructura organizativa que sustenta al Teatro Infantil Nacional?                                                    

JCA: El Teatro Infantil Nacional se compone de una Asamblea de Socios. Cualquier persona que quiera pertenecer a esta Asamblea, debe manifestarlo por escrito, según los estatutos del Teatro Infantil Nacional. La solicitud se somete a consideración en las Asambleas que se hacen anuales. Actualmente, son socios del Teatro Infantil Nacional: Armando Carías, Dewis Durán, Francisco Aparicio, David Blanco, Ricardo Salmerón, José Luis León, José León, Carmelo Castro, Robert Castro, José Manuel Ascensao, Salomón Adames, Luis Eduardo Pérez, Sergio Villamizar, María Gabriela Martínez, Marisela Seijaz, José Francisco Silva, Laura Meza y Juan Carlos Azuaje. Estas personas, en asamblea, cada tres años, tienen a bien elegir la Junta Directiva, que está conformada por siete personas, que pueden ser reelecta para un solo período en el cargo de sus funciones. La actual Junta Directiva está presidida por mi persona, tiene como Vicepresidente a la señora Laura Meza, como tesorero a José Francisco Silva y como Directores de Áreas a María Gabriela Martínez, Marisela Seijaz y Sergio Villamizar.

 

Tenemos ya un año, año y medio, en el mando. Nos queda año y medio para hacer una nueva asamblea, para que se elijan las nuevas autoridades del TIN, las cuales pueden ser reelectas o revocadas.

 

EDS: Me gustaría que nos comentaras acerca de los programas que el TIN ha puesto en marcha para ayudar a estas agrupaciones de teatro para niños en Venezuela.

JCA: Necesitaría un dossier del TIN, bastante extenso. Ahora no lo tengo a la mano como chuleta para decirte todo. Pero podría hacer un compendio de iniciativas que hemos realizado. En primer lugar, la intención del TIN fue favorecer y fortalecer el grupo. Todo lo que pudiésemos hacer para fortalecer la acción del grupo: la continuidad en cartelera, el horario infantil, el profesional del teatro para niños… todo lo que pudiese, digamos, favorecer la actividad era problema del TIN, era ilusión del TIN. Entonces comenzamos con atención a la parte económica, para evitar la migración nerviosa de todos nuestros integrantes. Durante, por lo menos cinco o seis años ―al principio del TIN―, se creó un sistema de bolsas de trabajo. A cinco agrupaciones se les asignaba un monto mensual, para ser repartido entre los integrantes más importantes de su grupo; de manera que cada grupo repartía, como consideraba, su bolsa de trabajo. El más democrático de todos era Armando Carías. Si tenía veinte chichones, el dividía cinco mil bolívares entre veinte y a todos había que hacerles cheques con decimales, porque cobraban todos por igual. Los actores mejor pagados eran los de Caravana y los de Thalía, porque las bolsas de trabajo se la llevaban los actores más importantes para ellos. Pero cada quien buscaba la manera de solucionar como podía. En mi caso, tenía gente muy mayor y gente muy joven, gente que estaba aprendiendo y personal con trayectoria dentro de su actividad, así que cuando repartía la bolsa de trabajo, buscaba favorecer a partir de un escalafón de valores y necesidades dentro del grupo. Trataba de balancear de esa manera y me lo entendían en el grupo. Como todas las fórmulas eran entendidas, se daban esas cosas algo cómicas; por ejemplo, que un actor de Chichón cobraba trescientos treinta y tres con treinta y tres, mensual; o que un actor de Caravana cobrara dos mil bolívares mensuales. Ese fue el tema de las bolsas de trabajo.  

 

Luego tratamos de hacer un proyecto conjuntamente con el círculo de dramaturgos y nuestros grupos, donde nos invertimos las direcciones. Convocamos a los dramaturgos a que nos escribieran una obra de teatro. De ahí nació el proyecto Todos para uno. Eran autores que tradicionalmente no escribían para niños, a nivel de dramaturgia. Nosotros impulsamos el hecho de que ellos escribieran una obra para niños. Rodolfo Santana escribió La guerra de tío Tigre y tío Conejo, que además estuvo inspirada en la guerra del Golfo; Carlos Sánchez escribió Sintonía o hay un extraño en casa; José Antonio Rial, La Cenicienta en palacio; Romano Rodríguez, Buscando a Dodó y Elio Palencia, Pasa que no pasa pasando 

 

Luego, los directores nos intercambiamos los grupos. Carmelo Castro vino a dirigir Teatrela; Armando Carías dirigió a Caravana; a José León le tocó dirigir el Chichón; a mí, me correspondió el grupo Monigotes y a Dagoberto, el grupo Thalía. Esta experiencia nos sirvió para combinar estéticas, para medir fuerzas, para fortalecer en bloque una temporada tras otra, para demostrar cómo podíamos nosotros hacer teatro infantil y demostrarle, también al sector, que el teatro infantil estaba buscando soluciones estéticas, planteándole salidas a los dramaturgos. Y tuvimos resultados muy positivos.  

 

Después surgió otro proyecto para fomentar el teatro en las escuelas, que se hizo como por tres años. Se llamaba Tintineando en las escuelas. Con este proyecto favorecíamos a grupos que querían hacer funciones en escuelas. A partir de un aporte, tenían que lograr un espectáculo susceptible de ser presentado en el recinto escolar. 

 

EDS: ¿Recuerdas la fecha en que se ejecuta este proyecto?

JCA: Sí, estaríamos hablando aproximadamente del año 1993, 1994 y 1995… Eran años bastante incipientes para el TIN. Empezamos a meternos de frente, por ejemplo, con los Festivales. De alguna manera ya éramos reconocidos por FUNDATENEO Festival y ya organizábamos la parte infantil del Festival Internacional de Teatro de Caracas. En el año 1993 se hace el último Festival Nacional de Teatro que hemos tenido en Venezuela y al TIN le correspondió organizar la parte infantil de ese Festival. De ahí el nacimiento de nuestro FesTIN. Nuestro FesTIN tiene su nacimiento en FUNDATENEO Festival, continuidad en el Festival Nacional de Teatro y, luego, se separa. Se separa y agarra vida propia porque se hace desde el TIN, solamente. Ya no tenemos una excusa, sino nuestra propia actividad para hacerla, con conciencia… La asumimos ya como un proyecto. Y también, hacia el año 1992 creamos lo que se llama el Premio TIN. 

 

 

El Premio TIN, busca reconocer dentro del panorama teatral venezolano la actividad teatral para niños. Ya llevamos diez ediciones del Premio a la fecha, con continuidad. Quizás el FesTIN ha tenido años en los que no se ha podido hacer, aunque ya en los últimos cuatro o cinco años ha sido continuo. Pero si hay alguna cosa que ha tenido constancia es el Premio TIN que, además, arroja datos interesantísimos. El Premio TIN, es una importante fuente de datos. El Premio indica que en Venezuela, por ejemplo, en los últimos diez años, se han estrenado más de ciento setenta espectáculos para niños; quizás se hayan estrenado otros ciento setenta más, pero si tomamos como fuente de investigación de la actividad más resaltante, tenemos que pensar que esos ciento setenta espectáculos que se han evaluado, para el Premio TIN, son quizás los más importantes que se han hecho en los últimos diez años. No queremos decir que sean los únicos, quizás han pasado muchos espectáculos que no hemos podido observar y que no hemos podido registrar dentro del esquema del Premio TIN; pero estamos seguros que lo evaluado para el Premio TIN, sí es lo más resaltante que se ha hecho en el país, en los últimos diez años. 

 

EDS: ¿Qué mecanismos han aplicado para promocionar a las agrupaciones nacionales?

JCA: Han existido varios mecanismos. Quizás ahora lo hemos abandonado un poco por los altos costos de prensa pero, durante muchos años ―yo diría que por lo menos siete u ocho años―, hemos hecho hincapié  en la promoción de la actividad teatral. Lo hemos hecho a través de diferentes mecanismos. Hubo un momento en que hasta tuvimos un programa de radio, una radio comunitaria, donde se promocionaban todos los espectáculos infantiles. Hemos tenido convenios con periódicos como El Nacional, El Globo, El Universal, El Diario de Caracas, con la revista Brújula del CONAC, donde publicamos, en su momento, lo que se llamaba la cartelera teatral infantil unificada El mapa del tesoro donde, de manera gratuita, semana tras semana, se anunciaban todos las agrupaciones que tuviesen a bien comunicarse con nosotros y hacernos llegar la información. Estuvimos promocionando la actividad, y eso también de alguna manera es un recaudo para evaluar la acción teatral para niños. No éramos excluyentes, así que lo mismo se anunciaba una obra de Maracaibo que una obra de Caracas en El Nacional, que es un periódico de circulación nacional; siempre tratando de buscar esa proyección hacia el interior del país. También tuvimos otro mecanismo de bastante impacto, el VolanTIN, de circulación mensual, que se mantuvo como por seis años. El VolanTIN era una entrega que se hacía en la puerta de todos los teatros. En ese volante se anunciaba toda la programación teatral infantil de las salas que existían en ese momento en la región capital. Se repartía en la red de bibliotecas nacional, en el metro, en las escuelas… y la gente acudía a los sitios con su VolanTIN, porque informaba sobre los espectáculos, la dirección de los teatros, los costos, los teléfonos… la gente se sentía bien informada. Ahora estamos buscando otras alternativas, más acordes con estos tiempos. Estamos tratando de transformar todas estas ideas promocionales, quizás primitivas, pero muy funcionales en su momento, en un vuelco hacia la Internet y las nuevas Tecnologías de Comunicación e Información. Tenemos en la mira una cartelera teatral para niños, en la red[2]. Y estamos a punto de sacar un periódico[3], porque consideramos que la palabra impresa es importantísima; el vínculo con el papel es muy diferente a la relación humana con el computador. Entonces, trabajamos en los dos sentidos, en una vinculación con el papel y con el computador, para promocionar la actividad teatral para niños en Venezuela. 

 

EDS: De la experiencia del proyecto Tintineando en las escuelas, ¿qué detalles nos puedes aportar?

JCA: Ese proyecto se hizo con un gran padrino que tuvimos al comienzo, que fue la Fundación José Ángel Lamas.[4] La Fundación nos abrazó en el nacimiento del TIN, como otras tantas empresas ―como CANTV,[5] la primera casa del TIN. Tuvimos oficinas en el edificio de la CANTV―. La Fundación Lamas tuvo fuertes nexos con el TIN. Tintineando en las escuelas se hizo conjuntamente con todas las escuelas del municipio Sucre.[6] Estuvimos vinculando producciones teatrales de grupos que deseaban hacer su actividad en las escuelas. ¿En qué consistía? El TIN les asignaba un aporte de trescientos mil bolívares a los grupos, para que ellos mejoraran, a nivel de recursos, la producción; y lo único que se le pedía era que hicieran una programación en los recintos escolares, coordinados con la Dirección de Educación de la Fundación José Ángel Lamas. Surgieron trabajos muy importantes, sobre todo en grupos que estaban creciendo en aquel momento y que para el TIN era importante apoyar, como fue el caso de la agrupación Katia con K, beneficiaria del proyecto Tintineando en las escuelas. Quizás Katia con K, en ese momento, no tenía siquiera subsidio del CONAC; entonces, para aquel momento, esos trescientos mil bolívares del TIN fueron un gran aporte para el crecimiento de esta agrupación. Trabajamos también con un grupo de Guarenas, con grupos como Reflejos, de Miguel Lizardi (),[7] entre otros. 

 

Pero, el problema con las escuelas siempre ha sido muy polémico; polémico en el sentido de por qué llevar un teatro a la escuela y no lograr que los niños vayan al teatro. Ese fue inclusive un tema controversial con ASSITEJ, institución que ya hoy no existe en Venezuela o si existe no sé dónde estará. En fin, existía la discusión en ese sentido: si deberíamos ir a la escuela o los niños deberían ir al teatro. Yo creo que las dos fórmulas son perfectamente válidas, depende de lo que tú quieras hacer. Sin embargo, debo decir que la experiencia con doscientos niños enfrente, no es similar ni parecida a la experiencia en una sala teatral, donde tú tienes un público heterogéneo, donde hay una abuela o un papá, una tía, una madrina, donde hay un niño, una niña, un joven… Esa experiencia heterogénea sugiere otro comportamiento frente al hecho creativo, diferente a cuando te vas a un recinto escolar. Entonces, las dos experiencias son válidas, son situaciones de formato: cómo está planteado tu espectáculo, si es susceptible de asistir al recinto escolar o tiene que presentarse en una cartelera comercial. Tenemos talento suficiente como para entender que hay gente que puede hacer un trabajo verdaderamente comprometido con las escuelas y hay otra gente que, lamentablemente, le puede ir muy mal dentro de una escuela. De ahí que nosotros estamos tratando de discernir sobre eso un poco y estamos creando un Festival de teatro infantil para el 2003, que tenga unos puntos de incidencia dentro del recinto escolar. No abandonamos el edificio teatral, pero tenemos el deseo de que el teatro esté dentro del espacio escolar, sobre todo el teatro no convencional y uno que otro teatro que sí se pueda presentar, a nivel convencional, dentro del recinto escolar.  

 

EDS: FesTIN 2003 va a las escuelas. ¿Qué datos nos puedes adelantar sobre este evento?

JCA: FesTIN ha pasado por diversas etapas. Hacer un festival de teatro para niños supone un gran esfuerzo. Primero, el lugar donde se hace: Caracas. Yo tengo la convicción, cerrada además, no la discuto, de que el Festival de teatro infantil tiene que hacerse en Caracas. Quizás es una convicción que cambie, pero cuando el país cambie. Mientras tanto, creo que los grupos quieren venir a Caracas a mostrarse. Y, por demás, nos sirve a nosotros también para que el jurado del Premio TIN, pueda ver las propuestas novedosas de la gente que viene del interior. Por otra parte, nuestro país tiene un Festival en Occidente y otro en Oriente. Entonces, ¿para qué tener otro festival en el interior?  

 

Nuestro festival ha tenido diversas modalidades. Cuando nacimos con el Festival Internacional de Teatro de Caracas, combinábamos la experiencia nacional con las experiencias internacionales, dentro de un mismo programa; luego, con el Festival Nacional, gozamos de la participación de muchos grupos del interior, lo que nos dio la oportunidad de discutir y encerrarnos todos, y mostrarnos en el teatro El Rodeo de Guatire, en el año 93.  

 

A partir de ahí el FesTIN ha ido tomando diferentes modalidades, por ejemplo, del 93 damos un gran salto al 97, en ese año se hace un festival de calle nada más, que toma cinco plazas de la ciudad simultáneamente. Para el 98, se asume una experiencia de puros monólogos para niños. Luego, se realizó un evento a nivel nacional: el FesTIN, con invitados internacionales, arrancó de Yaracuy y pasó por Carabobo, Aragua, Caracas; ese FesTIN se vino cabalgando desde el interior y terminó en Caracas. En el FesTIN que hicimos el año pasado [2002], logramos la participación de 10 agrupaciones nacionales del interior del país y 13 grupos de Caracas, concentrados durante diez días en la ciudad, con obras de texto y de muchos actores. Y este año, entonces, ¿cuál podría ser la modalidad?, ¿cuál podría ser el punto de enfoque? En principio, la necesidad de aportar nuestra cuota social de participación, de ir a sectores e ir a lugares donde el teatro no va. Uno de esos lugares es la escuela. No es costumbre llevar teatro a las escuelas. Y es un gran mercado que está un poco abandonado aquí en Venezuela. Así que tenemos teatro en los teatros, teatro en las plazas (espacio Balzac, plaza Bolívar), teatro dentro de los recintos escolares y teatro en centros poblacionales densos, con las ganas de que ninguna butaca del FesTIN quede vacía. El festival tiene un costo, superior quizás a los 40 o 45 millones de bolívares, y debemos lograr un promedio de 30, 35 mil personas, que es el promedio de público sobre el cual queremos impactar con esta actividad, para considerar que hemos hecho una buena inversión.  

 

EDS: ¿Cómo percibes la situación actual del teatro para niños en Venezuela, tomando el Premio TIN como confiable instrumento de datos?

JCA: Viendo el panorama del teatro infantil, yo creo que lo más débil que existe en Venezuela actualmente ―y no por los que están sino por los que hacen falta― es la dramaturgia. Necesitamos una dramaturgia para niños[8] mucho más fuerte de la que existe actualmente, que es buena. Tenemos muy buenos autores, pero pierden continuidad, tienen problema de distribución de sus textos… Escribir para niños es casi un hecho inaudito. Hay grandes dramaturgos, yo creo que Rodolfo Santana pudiera aplicarse mejor en el teatro infantil; tuvo una pequeña experiencia y ahora podría tener otra. Néstor Caballero es un gran autor de teatro para niños. Lo son también Armando Carías, Morelia Domínguez, Carmelo Castro, Luiz Carlos Neves, Juan Ruedi, por ejemplo, un chileno radicado en Venezuela, en el estado Monagas, que tiene algunos textos para niños. Necesitamos fortalecer este aspecto, quizás por la vía del concurso, por la vía del estímulo. Éste sería, en mi opinión, el aspecto más débil; del resto, tenemos muy buenos grupos, hay actividad teatral para niños y las agrupaciones teatrales escarban textos, buscan de alguna manera qué hacer. El Premio TIN, por ejemplo, en 10 ediciones, ha premiado 14 obras venezolanas: 10 con categoría de premio y 4 con categoría de mención especial. 

 

Si partiéramos del paisaje evaluativo de las 10 ediciones del Premio TIN estaríamos hablando de, por lo menos, un promedio de 20 obras por año, lo que arrojaría, quizás, más de doscientos espectáculos estrenados en los últimos diez años en Venezuela. El dinero mejor invertido se aprecia en el teatro infantil, porque son las entradas más baratas, porque son los espectáculos que constantemente están en escena, porque tenemos un espectador infantil que se está renovando también constantemente; pensamos, pues, que tenemos una fuerte actividad teatral. Dentro de nuestro movimiento, la actividad teatral para niños es loable. Porque se hace día a día, con muy poco reconocimiento y, además, es rica en posibilidades, maneras y estilos.       

 

EDS: Creo que todos hemos aprendido mucho de esta charla. Hemos ganado información relevante y minuciosa sobre esa institución llamada Teatro Infantil Nacional (TIN), y hemos logrado construir un especial panorama sobre el quehacer teatral para niños en Venezuela. Por ello, CentroMolinos agradece a Juan Carlos Azuaje esta valiosa oportunidad.  

 

 

                                              

* Presidente del TIN, para la fecha de la entrevista.

** Esta entrevista se incluyó en el cuarto número de la revista CentroMolinos, cuya circulación no fue posible, en gran medida, por razones económicas. Todas las notas incluidas en este post, corresponden al entrevistador.  

[1] Para complementar la información recogida en esta entrevista, recomiendo la lectura del texto Teatro Infantil Nacional – TIN: Historia, disponible en: http://tinternet.blogia.com/2006/010501-teatro-infantil-nacional.php#comentarios 

[2] El Teatro Infantil Nacional dio a conocer su primer blog, llamado TINternet, en enero de 2006. Disponible en: http://tinternet.blogia.com/ 

[3] La publicación periódica TINtero, comenzó a circular en noviembre de 2004.  

[4] La Fundación Cultural “José Ángel Lamas” fue una institución dedicada a la promoción de las artes, con una sostenida labor que la convirtió en un importante referente de la cultura venezolana; sobre todo, en la década de los 90. Para ampliar esta información, puede leerse: Díaz Souza, Eddy. “Fundación Cultural José Ángel Lamas: una historia de premios a la dramaturgia para niños en Venezuela”. En: CentroMolinos, Vol I, Núm. 2. Caracas: Campos A. Gráficas, 2003. También disponible en línea: http://issuu.com/edsouza/docs/cm.voluml_2_2003       

[5] Empresa nacional de telefonía, hoy nacionalizada.

[6] Municipio que forma parte del estado Miranda.

[7] Miguel Lizardi, actor, director y dramaturgo, fundador de la sala teatral Lola Ferrer, falleció en Caracas, el 4 de marzo de 2005.

[8] En torno a esta temática, el entrevistador publicó el texto: La dramaturgia en Venezuela http://teatrinviajero.blogia.com/2004/070902–strong-la-dramaturgia-en-venezuela-strong-.php