Por Antonio O. Rodríguez
Fuente: El Nuevo Herald

El pasado fin de semana pudo verse por primera vez en Estados Unidos The Closest Farthest Away / La entrañable lejanía, un espectáculo bilingüe del Proyecto Por Amor, realizado por un equipo de teatristas, cineastas y músicos estadounidenses y cubanos con Sage y Aleigh Lewis a la cabeza. Estrenada en La Habana en diciembre del 2009, esta propuesta multimedia llegó al Byron Carlyle Theatre de Miami Beach gracias al esfuerzo conjunto de Miami Light Project, Fundarte y el Centro Cultural Español de Miami.

A través de una historia de amor entre un biólogo de Estados Unidos y una médica de Cuba, la obra reflexiona sobre la paradójica y compleja relación de cercanía-lejanía que existe entre ambos países. Se agradece el enfoque escogido, que trasciende el tema de la comunidad escindida por sus posturas ideológicas, y apuesta por una abarcadora perspectiva crítica y emocional. Sin embargo, se echa de menos un guión más creativo y sólido. La presencia de una antigua moneda con las caras desgastadas por el tiempo resulta un elemento simbólico igualmente desgastado, y la prometedora subtrama paralela de la presentadora de televisión no alcanza un desarrollo satisfactorio. Las alusiones a la religión afrocubana tampoco consiguen una inserción convincente, con la excepción de Eleggua, el niño malicioso que abre o cierra los caminos de la pareja protagónica (y de sus pueblos).

El libreto se sustenta en una estructura fragmentaria, no lineal, que toma como eje el interrogatorio al que es sometido Amado, el biólogo, por una funcionaria del gobierno estadounidense, a causa de sus frecuentes viajes a Cuba. La calidad de los diálogos resulta irregular, pues mientras los del interrogatorio cautivan por su agudeza, su carácter incisivo y su intensidad dramática, buena parte de las secuencias que tienen como marco La Habana presentan textos de menor inventiva y eficacia.

La atractiva puesta en escena de Chi-wang Yang nos remite, ineludiblemente, a los presupuestos de la Linterna Mágica, la legendaria compañía teatral de Praga que desde 1958 ha explorado, con sorprendentes hallazgos estéticos, la interrelación escénica de actores en vivo e imágenes filmadas. Sin embargo, la plasmación de La entrañable lejanía admite más limpieza y precisión. Por ejemplo, uno se pregunta si los desplazamientos de muebles, cámaras y monitores que el público alcanza a ver detrás de la pantalla principal de proyección responden a un propósito deliberado o si, por el contrario, son resultado de un diseño de iluminación todavía susceptible de refinamiento, que debería haberlos camuflado.

Armando McClain entrega un Amado seguro, que consigue convincentes intercambios con sus interlocutores virtuales.  La caracterización de Andrea LeBlanc como la oficial interrogadora revela a una actriz precisa y bien dotada, que sabe sacar partido a los pequeños detalles. En el elenco cubano, sobresale Yipsia Torres Cuevas, quien asume a Ana de manera sincera y natural. La no anunciada aparición de Torres en “carne y hueso” sobre el escenario, para interpretar el último encuentro de los amantes, aportó una emotiva pincelada.

La estupenda banda sonora creada por Sage Lewis –que da cabida a músicos de hip hop y a viejos y nuevos trovadores– es uno de los principales aciertos de la obra, al igual que la fotografía de Raúl Pérez Ureta, que nos enfrenta a una Habana de singular y dramática belleza, que pareciera (¿pareciera?) haber sobrevivido a una guerra de cincuenta años.

La entrañable lejanía es un espectáculo meritorio, si bien un tanto reiterativo (un recorte de veinte minutos podría aportarle fuerza y ligereza). La importancia y la significación del empeño del Proyecto Por Amor son indiscutibles. La invocación a Eleggua (Eleggua oki ború ori bai / Bochile aluomi aomatieye olua atabansde…) dio resultado: con tenacidad, entusiasmo y algunos oportunos caramelos, el colectivo comandado por los Lewis logró que la caprichosa deidad abriera los caminos a esta estimulante aventura bicultural.