Belkis Proenza. Foto: Miguel Pascual.

Por Antonio Orlando Rodríguez
Fuente: El Nuevo Herald

La puesta en escena de Pase adelante, si quiere ofrece profesionalismo, creatividad y buen gusto

Después de haber tenido su estreno –como work in progress— durante el pasado Festival Internacional del Monólogo, Pase adelante, si quiere, de Pedro Monge Rafuls, vuelve a la salita de Havanafama con un montaje sustancialmente modificado. Se trata de la tarjeta de presentación de Artefactus, nuevo proyecto gestado por el dramaturgo y director Eddy Díaz Souza, quien trabajó en La Habana con teatristas como Carlos Díaz y Pepe Santos, y montó varias obras en Caracas con su grupo Espacio Vital y otros colectivos.

El texto de Monge Rafuls tiene inventiva, una convincente estilización del habla popular cubana y voluntad transgresora. Está concebido como un monólogo interior que busca recrear el libre flujo de la conciencia a través de diferentes planos que se van entrecruzando. Sin embargo, llega un momento en que los hilos dramáticos de este discurso sobre el autoritarismo en sus distintas vertientes –político, amoroso o familiar– resultan difíciles de identificar y de seguir, pues la inserción de algunos de los personajes con que interactúa Salomé, como la madre, el hijo o la amante lesbiana, no está suficientemente diferenciada.

Es una pena que la obra no haya sacado mayor partido al tema de la participación de las tropas cubanas en la guerra de Angola, novedoso dentro de la dramaturgia de autores de la isla. Luego de un incisivo planteamiento (con elementos como la amante africana que baila tango y se desplaza por la selva subida en un elefante; el supuesto ataúd del soldado, que no se sabe a ciencia cierta qué contiene, o la presencia en el velorio de El Supremo, un gobernante megalómano que no se equivoca nunca, que todo lo sabe y que es capaz de hablar, hablar y hablar durante tres días seguidos), ese jugoso motivo se desdibuja y se diluye para dar paso a otros de menor atractivo y originalidad.

La puesta de Díaz Souza trata de guiarnos, dentro de lo posible, a través del zigzagueante recorrido por personajes, situaciones y conflictos. Logra un ritmo sostenido, un buen diseño de luces y una inquietante amplificación del discurso verbal a través de los ”comentarios” de diversa índole que sugieren los videos y las fotos proyectados en el telón de boca.

Con el propósito de ofrecer asideros-pistas que favorezcan la decodificación del monólogo, el director apela a una escritura escénica pródiga en imaginería visual, en la que se aprecian varias soluciones de indudable ingenio y teatralidad, aunque en ocasiones su encadenamiento resulte un tanto abrupto. En su camino hacia la concisión y la síntesis, el montaje aún podría prescindir de varios elementos escenográficos y de utilería superfluos o de escasa significación (portarretratos, hebillas de cabello, lámpara, mesa, telas).

El mayor acierto está, sin duda, en la productiva dirección actoral, que evade los desbordes emotivos y apuesta a la sutileza y la sinceridad. La actriz Belkis Proenza llena el espacio con una fuerte presencia dramática, resuelve con limpieza las rápidas transiciones y maneja con propiedad la voz. Su construcción de Salomé revela inteligencia y precisión al transitar por una amplia gama de estados anímicos.

Pese a su por momentos confusa dramaturgia y a cierta cuestionable tendencia al barroquismo de imágenes visuales, en Pase adelante, si quiere hay profesionalismo, creatividad y buen gusto. Artefactus Teatro propone una laberíntica ceremonia escénica que reta al público igual que podría hacerlo un puzzle difícil de armar. Un punto de partida estimulante y prometedor.