Foto: Rodolfo Vanmarcke. Diseño: Sashy Abdelnour

Por Antonio O. Rodríguez
Fuente: El Nuevo Herald

A menudo las noticias gratificantes llegan acompañadas por otras que no lo son tanto. Comencemos por la buena: el infatigable Miguel Ponce –creador de Nuevoteatro66– continúa su búsqueda de espacios de representación alternativos. Después de utilizar el atrio de una iglesia en Liberty City para su poco afortunado montaje de Romeo y Julieta, ahora transforma en teatro un salón del edificio José Martí (en Calle Ocho y la tercera avenida), lo cual es toda una lección de entusiasmo y creatividad. La mala noticia: la segunda producción del grupo sigue sin hacer justicia a la trayectoria de Ponce como director y maestro de actores.

Si hubiera que escoger el peor texto dramático estrenado en nuestra ciudad durante los últimos años, Hazme el amor con tu boca, de Anays Anays Zhiur, sería un muy firme candidato. La escritora venezolana ha hilvanado de forma poco armoniosa un puñado de disquisiciones, cuentecillos y poemas que pretenden enfrentar al espectador con un personaje femenino y el drama que lo conduce al suicidio. El problema es que el discurso dramatúrgico carece de la sustancia y de la coherencia necesarias para permitirnos saber quién es Miranda Rounledba y, muchísimo menos, cuáles son los graves conflictos que justifican el trágico desenlace.

En el programa de mano, Zhiur ofrece un detallado retrato de su personaje; pero, como dice el refrán, “del dicho al hecho va un largo trecho”, pues lo que vemos y oímos dista mucho de materializarlo ante nuestros ojos y de hacerlo creíble. El texto pretende ser ingenioso y provocativo, pero no logra ninguna de las dos cosas; lo que sí consigue –y con creces– es dejarnos estupefactos con parlamentos de una cursilería que remite a la peor poesía erótica femenina. ¿Ejemplos? “Me gusta tu piel: huele a pecado” o “Mira mi ombligo, es sexy, pequeñito y profundo. Úsalo de copa y bébeme sorbito a sorbito”.

Permanecer sola en un escenario durante más de una hora e intentar sostener la atención del espectador apoyándose en un texto tan deslucido como Hazme el amor con tu boca es un reto para cualquier actriz. La dificultad se multiplica si se trata, como sucede aquí, de una intérprete con limitadas condiciones. Nena Abdelnour realiza un gran esfuerzo y le pone ganas a su desempeño, pero la responsabilidad de asumir un unipersonal sobrepasa con creces sus posibilidades reales y el endeble resultado evidencia sus carencias, en especial la falta de coherencia y de verdad artística y su poco convincente elocución.

El experimentado Ponce falla en la elección de la obra y de su protagonista, pero su montaje logra aciertos en el efectivo uso del espacio escénico, en la musicalización y en la exactitud de las luces y el sonido. Con dos trabajos poco satisfactorios a su haber, Nuevoteatro66 anuncia el estreno de una pieza de Isaac Chocrón, uno de los maestros de la dramaturgia venezolana. Confiemos en que ese próximo espectáculo tenga un mayor calibre artístico.