Alejandro Vales y Jessica Alvarez. Foto: Pedro Portal / El Nuevo Herald.

Por Antonio O. Rodríguez
Fuente: El Nuevo Herald

Buenos Aires. Dos pasajeros que viajan en la línea de tren Sarmiento caen, por un accidente que parece obra del azar, en el solitario andén de la estación de Ciudadela. Él, un programador de software que se presenta como 21.518.275, y ella, una viajante que dice llamarse 28.318.533, entablan un curioso diálogo mientras esperan el siguiente tren para poder continuar sus recorridos. Las frases en apariencia incoherentes que intercambian nos remiten al teatro del absurdo, pero no tardamos en percatarnos de que, detrás del sinsentido del brillante diálogo, comienzan a revelarse dos personajes frágiles y sumamente humanos, prisioneros de sus vidas anodinas y, aunque no quieran admitirlo, urgidos de afecto.

Cirko Teatro, proyecto creado en Hialeah por los argentinos Jessica Álvarez Diéguez y Alejandro Vales, estrenó en Miami Destino de dos cosas o de tres, de su compatriota Rafael Spregelburd (Buenos Aires, 1970). Escrita dos décadas atrás, esta poética y conmovedora farsa sobre el sinsentido de las relaciones humanas y la posibilidad del amor como esperanza de redención, lejos de perder actualidad, pareciera reflejar hoy de manera más contundente la soledad del individuo contemporáneo y su dificultad para comunicarse en un mundo paradójicamente obsesionado por el desarrollo de las comunicaciones. El estreno es todo un “acontecimiento” en nuestra cartelera teatral, en la que se echa de menos una mayor presencia de dramaturgos clave contemporáneos.

Conocidos por sus espectáculos infantiles, Álvarez y Vales incursionan en el teatro para adultos con una puesta sencilla, pero de estimulante dignidad, con algunos aciertos nada desdeñables. La seriedad del trabajo de la pareja protagónica se evidencia en la forma en que aborda el exigente material, sacando partido a los juegos con el idioma y al extrañamiento de las perturbadoras situaciones. Alejandro Vales es un intérprete seguro y discreto, y Jessica Álvarez Diéguez aporta a su vulnerable personaje sutiles pinceladas de clown que funcionan muy bien.

Escenografía y vestuario entablan un intenso contrapunteo entre los colores azul, verde y naranja. Aunque la noche del estreno hubo imprecisiones en las luces y el sonido, su diseño es creativo y explota adecuadamente los recursos técnicos básicos de que dispone la sala.

El montaje, dirigido por Vales, se resiente en su recta final con la entrada del dueño del cine Nuevo Ciudadela, una suerte de ente todopoderoso que presume de manejar a su capricho el destino de los pasajeros. La concepción del director para ese polisémico personaje (interpretado por Yesler de la Cruz) introduce un cambio de registro demasiado marcado, que desconcierta a causa de la afectada expresión oral y corporal, el extravagante peinado y el protagonismo del abanico. De acuerdo, el Dueño admite una caracterización diferenciadora, pero no era preciso exagerarla hasta ese punto. Esa –a mi juicio– errada decisión de Vale atenta contra el sostenido tono menor, de comedia triste, que tiene la puesta el resto del tiempo. Por otra parte, la aparición de la flor-niño (Bernardo Vales) es un elemento que ganaría con un mejor diseño.

Destino de dos cosas o de tres recién inicia su andadura en Miami. La propuesta de Cirko Teatro admite ser revisada y mejorada, pero tiene a su favor apoyarse en un texto sólido y muy atractivo de uno de los más destacados dramaturgos de Argentina. “Me es grato”, repiten una y otra vez 28.318.533 y 21.518.275 a lo largo de la obra. Lo mismo opino yo de este montaje modesto, con algunas imperfecciones, pero que merece ser apreciado.