Foto: Cortesía Teatro Avante.

Por Antonio Orlando Rodríguez
Fuente: El Nuevo Herald

La compañía TIMBRE 4 cautivó al público del FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO HISPANO DE MIAMI
con una narrativa singular y contemporánea

Tres grisáceos empleados sobreviven –como náufragos– en una oficina fantasma sin saber con certeza para qué sirve el trabajo que realizan ni hasta cuándo podrán permanecer allí; mientras tanto, una pareja joven intenta resolver, sin mucho éxito, su espinosa relación sentimental. Tercer cuerpo (La historia de un intento absurdo) nos permite echar una mirada a las vidas de un puñado de personajes “anodinos” e hilarantes, enfrascados en una tenaz y vergonzosa búsqueda de la felicidad, que pueden encontrarse en Buenos Aires o aquí mismo, porque sus problemas son universales.

La compañía argentina Timbre 4 regresó al Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami para cautivar a los espectadores y ratificar el talento de Claudio Tolcachir como dramaturgo y director. Tercer cuerpo apuesta por la poética del absurdo cotidiano y del humor negro, con una narrativa singular y contemporánea, pero que en momento alguno pretende epatar al espectador.

El texto presta especial atención al sinsentido, a las frases hechas, a los sobreentendidos, a diálogos insustanciales que de pronto empiezan a adquirir, para nuestra sorpresa, una emotiva significación. Los diferentes espacios en que transcurre la trama (oficina, apartamento, bar, consultorio médico, restaurante) comparten la misma escenografía, y las líneas de acción se entrecruzan o superponen a un ritmo vertiginoso, que mantiene al público en tensión de principio a fin.

Para materializar esta compleja urdimbre de secretos, verdades a medias, revelaciones y aparentes banalidades, Tolcachir precisaba de intérpretes competentes, capaces de dibujar con la misma eficacia las aristas dramáticas o jocosas de los personajes y de afrontar las dificultades de las numerosas rupturas y de una partitura de diálogo por momentos polifónica. Por suerte, cuenta con ellos. Daniela Pal, Melisa Hermida y José María Marcos sostienen el montaje con sus kafkianos oficinistas Moni, Sandra y Héctor: tres caracterizaciones contrastantes, sutiles, de notable organicidad, que sacan el máximo partido a las situaciones (entre ellas, la desopilante “creación colectiva” del texto para la misa en memoria de la madre de Héctor). Hernán Grinstein y Ana Scannapieco completan el elenco defendiendo con convicción los menos exigentes personajes de Manuel y Sofía, los amantes en crisis.

En Tercer cuerpo, Tolcachir traspasa fachadas con un humorismo que va de lo sarcástico a lo compasivo, y revela los miedos y los deseos insatisfechos (amor, hijo, espacio propio) de sus criaturas. En la casi hipnótica conclusión de la obra, el parpadeo de la luz fría de la oficina hace que la atención de los cinco personajes confluya en un mismo punto. Quizás esa luz precaria, vacilante, sea una metáfora de la incomodidad de sus vidas (“Qué raro todo, ¿no?”, comenta Héctor casi al final, aunque en realidad no parece demasiado extrañado por lo ocurrido). Quizás, después de la representación, los espectadores empecemos a observar con un interés inédito a esas personas que han estado siempre ahí, alrededor nuestro, y descubramos que su mundo es bastante más complejo y contradictorio de lo que suponíamos. En cualquier caso, esta nueva presentación de Timbre 4 en Miami nos permitió disfrutar de un texto inteligente, de una deliciosa puesta en escena y, sobre todo, de una buena defensa de lo que Tolcachir describió en una entrevista como “la magia del teatro simple”.