Jose Abreu elippe

Por Armando de Armas (Martí Noticias, 01/10/10)
Fuente: Radio y Televisión Martí

José Abreu Felippe, La Habana, 1947, se exilió en 1983. Vivió unos años en Madrid y desde 1987 reside en Miami. Es poeta, narrador y dramaturgo. Ha publicado tres volúmenes de poesía: Orestes de noche (Madrid, 1985), Cantos y elegías (Madrid, 1992) y El tiempo afuera (Premio Internacional de Poesía Gastón Baquero 2000). Como dramaturgo ha dado a conocer Amar así (Miami, 1988), Teatro (Madrid, 1998) que reúne cinco piezas, Parapetados, Un cuerpo que con el tiempo se va perfeccionando, Alguien quiere decir una oración, Si de verdad uno muriera y Muerte por aire; y Tres Piezas (Miami, 2010), que incluye Orestes, Rehenes y Provisional, desechable y biodegradable.

Ha publicado dos volúmenes de relatos Cuentos mortales (Miami, 2003) y Yo no soy vegetariano (Miami, 2006). También, en unión de sus hermanos Juan y Nicolás, Habanera fue (Barcelona, 1998). Sus novelas Barrio Azul (Miami, 2008), Sabanalamar (Miami, 2002), Siempre la lluvia (Miami, 1994), finalista del concurso Letras de Oro 1993, y Dile adiós a la Virgen (Barcelona, 2003) forman parte de la pentalogía El olvido y la calma que incluye además El instante, aún inédita.

Abreu Felippe es uno de esos escritores a la vieja usanza, quizá los únicos que hay, quienes viven no por, ni para la literatura, sino que sus vidas mismas son la literatura o, al menos, materia prima para la obra literaria, gente rara que se deja la piel, y a veces el alma, en el texto, en la elaboración del texto, quiere decir, de existencias como pretextos.

Armando de Armas realizó la siguiente entrevista a José Abreu Felippe.

MN. ¿Por qué la Historia es una constante en muchas de sus obras?

JAF. El hombre y la historia están indisolublemente ligados. Me interesa el hombre respondiendo, le guste o no, al momento que le tocó vivir y que él no escoge; sólo reacciona. Me es difícil acometer un tema sin relacionarlo con un lugar y un momento. En el caso cubano, la Historia, con mayúsculas, es una sucesión de tragedias que a veces se concatenan, lo que hace más sustancioso, paradójicamente, el acto de narrar.

MN. En su libro Tres piezas, encontramos que en Orestes, el mismo Orestes asegura en diálogo con Electra: “No hay otra guerra que la mía, y ésa, la he perdido. No hay paz para el que huye. Jamás, ni aunque lograse escapar, llegar a un sitio; porque bien sabes que cuando se emprende la fuga se huye de todo y para siempre. A la vez que has partido, no hay sosiego sino en el retorno”. ¿Regresaría usted a la isla de la que un día escapó? ¿Regresaría a vivir?

JAF. No lo sé, me gustaría por la ilusión de reencontrarme con un yo que ya no existe en un lugar que tampoco existe. En el desterrado algo se desarticula, se rompe y se esparce. No hay sosiego, gasta el resto de la vida, huyendo. Kavafis, resume la tragedia en un poema que yo cito en Dile adiós a la Virgen: “La vida que aquí perdiste la has destruido en toda la tierra”.

MN. ¿Es el hombre un eterno exiliado?

JAF. Algunos hombres, no todos. Muchos nacen y mueren sin alejarse cien millas del mismo sitio. Les oyes decir que así son muy felices y que no tienen necesidad de ir a ningúna parte. ¿De qué se exiliarían? Otros son extranjeros en su propia tierra. Los segundos son menos aburridos.

MN. ¿Es el escritor un doble exiliado?

JAF. Es muy difícil (y probablemente inútil) hablar del escritor en abstracto. Yo te puedo decir que el escritor que me gusta leer (que casi siempre es el mismo que prefiero mantener a distancia) es un exiliado por todas partes. Son inconformes, hacen juicios a priori, protestan por todo, no militan en ningún partido, los han pateado muchísimo y poseen un exquisito sentido del humor. No caen bien, no se acomodan en ningún sitio. Son más bien seres solitarios. Mencionar nombres resultaría pedante, pero un hecho sintomático es que mientras en la vieja Europa (y en USA) se siguen escribiendo ingeniosas boberías bien cotizadas, documentados mamotretos históricos muy cinematográficos o galimatías posmodernas (finos productos de gente que no ha sido pateada), la gran literatura está llegando de antiguos países comunistas, liberados de la esclavitud y la censura. Es curioso que muchas de esas grandes novelas fueron escritas por mujeres.

MN. Luego, de ser positivas las respuestas a las dos preguntas anteriores, ¿un escritor que escapa de una tiranía es un exiliado por partida triple?

JAF. Hay un haiku, anónimo, que dice: “Un exiliado/ lo será de por vida/ y de por muerte”. Vaya, que la cosa parece mucho peor.

MN. En la pieza Provisional, desechable y biodegradable, del mencionado libro, el personaje Juana lee y cita constantemente el Libro de la Decrepitud de José Abreu Felippe. ¿Existe ese libro? ¿Es José Abreu Felippe un personaje?

JAF. Toda vida avanza hacia la decrepitud. Sólo necesita de tiempo para llegar. Esa pieza trata en parte de eso, una pareja maltratada por el tiempo y el uso, avanza hacia la decrepitud y se niega a aceptarlo. Él, mujeriego. Ella, los celos materializados; pero aún sueña y el texto aludido tiene un efecto excitante, hace función de afrodisíaco. Aproveché la experiencia personal en ese campo (el de la decrepitud, desde luego) para enriquecer con unas notas un texto lleno de contradicciones, pues la pareja que reniega del amor vive en él y lo alimenta. Que el nombre del autor del Libro de la Decrepitud coincida con el mío, no es algo de lo que deba vanagloriarme.

MN. Hablando de personajes, ¿qué sintió al verse tratado como tal en un libro del académico madrileño Ramón Luque que acaba de aparecer en España bajo el título de Última novela: Cuba, 30 años del Mariel, publicado por el sello Aduana Vieja?

JAF. Me divirtió mucho. La descripción física que hace de mi personaje motivó que le enviase mis padrinos al autor… Que se justificó, alegando que si reflejaba la belleza física y espiritual que detectó, el personaje no sería creíble. Como es natural, le contesté que eso sería un mal menor y le permití, claro está, que escogiera las armas (rogándole que, por favor, soslayara el florete, ya que por mi edad y peso, estaría en franca desventaja).

Obviando esto, es de agradecer que un español joven (cuando sus congéneres tienen los ojos -y otros rincones de sus anatomías- puestos en la isla) se fijara en un grupo de cubanos desconocidos y no sólo se interesara por su tiempo y sus circunstancias, sino que las escribiera. Algo realmente insólito.

MN. ¿Pudiéramos decir que la pieza Provisional, desechable y biodegradable se mueve en la imprecisa, sinuosa zona que habría, habitaría entre lo real y lo irreal, entre la vigilia y los sueños, entre el espíritu y la materia?

JAF. A lo que ya dije de la pieza podría agregar que, en efecto, hay un poco de todo eso. También que los personajes son remedos modernos de otros más antiguos. Hay un rejuego temporal que a mí me animó mucho cuando la estaba concibiendo.

MN. En muchas de sus obras se aprecian atisbos del mundo de lo espectral e inasible. ¿Personalmente cree que algo de nosotros sobrevive tras la muerte?

JAF. Depende del día de la semana. Ayer era capaz encender velas y ponerme a conversar con mis fantasmas y con los que no son míos. Hoy no creo ni en la madre de los tomates y pienso que cuando muera, todo se acabó. Que mi mundo muere conmigo. Mañana, probablemente me ponga a recitar mantras. Unos días me da por pensar en el oportunismo espiritual de Pascal y en otros cito a Hinostroza con aquello de que “es miserable el tiempo que se pasa sobre la tierra suponiendo que no hay un infinito.” Y así. El hombre es cosa vana, variable y ondeante (Montaigne).

MN. ¿Teme José Abreu Felipe a la muerte?

JAF. ¿Quién se atrevería a decir que no sin hacer el ridículo? Pero he visto ya demasiados muertos para saber que el tránsito suele ser breve. Que no es nada difícil morirse. Un dolor de muelas puede durar más que la agonía. Más que a la muerte, le temo al dolor. A quedar inutilizado dentro de un cuerpo inútil.

MN. ¿Cómo le gustaría morir?

JAF. Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.
No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.
(Gutiérrez Nájera)

MN. Siempre la lluvia. ¿Cómo se relacionan la lluvia, la muerte y la sangre en esa dura, excelente novela suya?

JAF. Siempre la lluvia es la novela de la adolescencia de mi personaje. De mi adolescencia y la de toda una generación de cubanos. Octavio tiene 16 años cuando lo reclutan para el Servicio Militar Obligatorio. La novela está dividida en “jornadas”, como las películas rusas de la época. Tres jornadas, cada una marcada por una muerte, aunque la última queda abierta, no se sabe qué pasa con el muchacho, quizás se salve, piensa Octavio, que cargó con él 32 kilómetros a caballo por una desolada llanura, con ese fin. La sangre recorre la novela y la lluvia la barre.