Magali Boix, Raúl de Cárdenas e Yvonne López Arenal. Foto: Luis de la Paz.

Por Olga Connor
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Fuente: El Nuevo Herald

En la quinta función anual de los Premios ICRA del Instituto Cultural René Ariza, una tradición en la Colección de la Herencia Cubana de la Biblioteca Otto Richter de la Universidad de Miami, se galardonó a los dramaturgos Raúl de Cárdenas y Héctor Santiago, y a la actriz Magali Boix. Esperanza de Varona, directora de la Colección, e Yvonne López Arenal, que preside el ICRA este año, dieron comienzo al acto con las biografías de los premiados y sus presentadores.

Raúl de Cárdenas

RAUL DE CARDENAS:
VIAJE A LA LUZ

Le tocó al dramaturgo y crítico, novelista y poeta Matías Montes Huidobro presentar a su amigo Raúl de Cárdenas, autor de Un hombre al amanecer, Premio Letras de Oro, que es, dijo, un “recorrido por la existencia martiana hasta la antesala de la muerte”. Esto le dio pauta para una indagación en la que fustigó a personas que “clavan la ponzoña del veneno” por ingratitud o por falta de luz. Por contraste, dijo, De Cárdenas es un escritor en que se da “el sello de ascenso hacia la luz” reflejado en “el humanismo auténtico que hay en los personajes y situaciones que nos encontramos en su obra”. Un ejemplo es La palangana, escrita a principios de la década de 1970 (recién montada en Miami), “que se refiere a una palangana utópica que ilumina el solar habanero, en busca de la luz de una palangana bruñida, no oxidada, que se eleva sobre sí misma”.
Dos obras que también destacó fueron Recuerdos de familia, un recorrido de una familia cubana de 1944 a 1960, y Las Carbonell de la calle Obispo, sobre la vida idílica en la época republicana. “En nuestro teatro hay mucha violencia, mucha política, mucho sexo, pero pocas relaciones íntimas donde la sensibilidad amatoria se imponga más allá del orgasmo”, aseveró Montes Huidobro. “En nuestra escena, son muchos los que se odian, bastantes los que están asediados por la lujuria, pero muy pocos realmente se comprenden y se quieren. Pero no es el caso de Raúl de Cárdenas, quien siempre ilumina lo que toca”.
De Cárdenas se sentía como si hubiera ganado un Oscar, declaró, agradeciendo a Matías y Yara Montes Huidobro, afirmando luego que su pasión era Cuba, nación que Fidel Castro ha tratado de destruir y él ha tratado de preservar.

HECTOR SANTIAGO:
EL ESCRIBANO

El relato del narrador y periodista Luis de la Paz sobre Héctor Santiago comenzó con un recorrido por Nueva York junto al dramaturgo. “Horas alrededor de Battery Park, el barrio chino, la pequeña Odessa, la zona de Coney Island. De un extremo a otro de la ciudad, hasta caer, ya de madrugada, exhaustos, en la rotonda de Columbus Circle, justo a la entrada al Parque Central donde se encuentra el monumento a las víctimas del acorazado Maine, que estalló en el puerto de La Habana en febrero de 1898”. Santiago no pudo venir a la presentación del Premio y desde lejos envió un largo escrito que comenzaba con estas palabras: “El teatro ha sido mi vida, y a nadie deben premiarlo por vivir”.
Nacido en La Habana en 1944, Santiago ha estado ligado al teatro de todas las formas y maneras, “unas veces como asesor literario, director y dramaturgo; en otras como actor, titiritero, coreógrafo, bailarín y pintor”, dijo De la Paz. Escribió crítica teatral para La Gaceta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y el periódico Juventud Rebelde. Pero sus vicisitudes comenzaron con un encierro en los campamentos de la UMAP, luego fue víctima de la espeluznante “parametración”, y más tarde pasó años en prisión hasta que en 1979 logró salir de la isla. Con 100 obras escritas tiene nueve publicadas, y 10 puestas en escena en Estados Unidos, México, Brasil y Paraguay. Su Premio Letras de Oro, por Vida y pasión de La Peregrina, sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda, se estrenó en el Teatro Avante.

Magali Boix

MAGALI BOIX EN
PALABRAS DE SU HIJO

El fotógrafo Iván Cañas, hijo de Gloria Magali Boix Arenal, fue el reseñador de su vida en el acto del ICRA, lo que provocó una respuesta emocionada de la actriz. Se remontó a su nacimiento en 1925 y continuó con su actuación como niña precoz en el Teatro Nacional, que la inspiró a dedicarse a la locución en radio y televisión, y a ser parte del elenco de la radio novela El derecho de nacer, de Félix B. Cagnet. Pero pronto se interesó en hacer teatro, y en 1956 desempeñó un papel en El caso de la mujer asesinadita, de Miguel Mihura, con Adela Escartín, dirigida por Carlos Piñero. También protagonizó Espíritu burlón , bajo la dirección de Rubén Vigón.
Las restricciones en la radio y televisión, después de 1959, lanzaron a Magali Boix de nuevo al teatro, en el rol protagónico de La muerte de un viajante, con Vicente Revuelta. Incursionó también en el celuloide con El robo y En días como éstos. De esa etapa se recuerdan sus actuaciones en Las brujas de Salem, El robo del cochino, Las impuras, Las vacas gordas, La soga al cuello, Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba, Yerma y María Antonia. Desde 1993, en el exilio, ha seguido actuando esporádicamente, especialmente en obras de Federico García Lorca.