Por Henryk Jurkowski.

Heme aquí en la ciudad de Omsk en Siberia Occidental. Entro en el Museo etnográfico. De golpe mis ojos son atraídos por la gran vitrina donde se encuentran decenas de figuras -se trata de ídolos de tribus ugrófinesas: los Menses y los Chantes que parecen saludar a cada uno de los visitantes. Un impulso interior me empuja a responderles y les saludo igualmente. Son magnificas. Representan una huella permanente de la espiritualidad de generaciones humanas primitivas. Son ellas y su mundo imaginario las que están en el origen de las primeras manifestaciones e imágenes teatrales, tanto sagradas como profanas.

Las colecciones de arte están llenas de ídolos y figuras sagradas que desaparecen poco a poco de nuestra memoria. Sin embargo en los museos, hay también marionetas que guardan la impronta de las manos de sus creadores y de sus manipuladores. Dicho de otra forma, esas manos guardan las huellas de la destreza, de la fantasía y de la espiritualidad humana. Colecciones de marionetas existen en todos los continentes y en casi todos los países. Son un orgullo para los coleccionistas. Constituyen lugares de investigación, que guardan la memoria viva aportando una importante prueba de la diversidad de nuestra disciplina.

El arte, como muchas otras actividades humanas, se somete a dos tendencias: la uniformidad y la diferenciación. Hoy vemos que las dos tendencias coexisten a nivel de actividades culturales. Podemos constatar que evidentemente la gran facilidad para viajar, tanto por aire como por la red, multiplican el número de contactos en los diferentes congresos y festivales, lo que conduce a una mayor uniformidad. Dentro de poco viviremos realmente en la ciudad global de Mc Luhan. Este hecho no significa que hayamos perdido completamente el sentido de la diferenciación cultural sino más bien que un gran número de compañías de teatro utilizan de ahora en adelante medios de expresión similares.

Estilos de marionetas tales como el ningyo joruri japonés o el wayang de Indonesia han sido asimilados en Europa y América. Al mismo tiempo, grupos ya sea asiáticos o africanos utilizan técnicas marionetísticas europeas. Mis amigos me dicen que si un joven artista japonés puede ser un virtuoso interpretando obras de Chopin, un americano bien puede convertirse en un maestro de joruri o en un dalang tocando el wayang purva. Podría estar de acuerdo con ellos con la condición de que este marionetista asimile, no solo la técnica del bunraku sino también toda la cultura que lleva asociada.

Numerosos artistas se sienten satisfechos con la belleza exterior de la marioneta que sin embargo da a los espectadores la posibilidad de descubrir diferentes formas artísticas. De esta manera la marioneta invade nuevos territorios. Incluso en el seno del teatro de actor, se ha convertido en una fuente de metáforas variadas. Esta gran expansión de la marioneta figurativa antigua está ligada a un movimiento inversamente proporcional al espacio que ocupaba anteriormente. Esto es debido a la gran invasión del objeto y, a mayor escala, a todo aquello que toca la materia. Porque todo objeto, toda materia, sometida a una animación, nos habla y exige su derecho a la vida teatral. Así, a partir de ahora, el objeto sustituye a la marioneta figurativa, abriendo a los artistas un camino hacia un nuevo lenguaje poético, hacia una creación que implica imágenes ricas y dinámicas.

La imaginería y las metáforas que, en otro tiempo, han sido características de cada tipo de marionetas, diferenciando las unas de las otras, se han convertido, hoy en día, en la fuente de expresión de cada marionetista individual. Así aparece un nuevo lenguaje poético singular que no depende de la tradición genérica sino del talento del artista, de su creatividad individual. La uniformización de los medios de expresión ha engendrado su diferenciación. La ciudad global de Mc Luhan se ha convertido en sus antípodas. Los diferentes medios de expresión se han convertido en los instrumentos de la palabra individual que siempre prefiere soluciones originales. Queda claro que la tradición figurativa de la marioneta no ha desaparecido de nuestro horizonte. Y deseamos que permanezca siempre como punto de referencia de gran valor.

Henryk Jurkowski, especialista en teatro de muñecos, experto en arte popular y semiótica, crítico teatral, investigador y escritor.