Xavier Quirarte
Milenio online / 10.14.2011.

La asistente del director inglés habla sobre el montaje de Una flauta mágica, que se estrenó ayer en el Teatro Juárez de Guanajuato, así como su relación con él y su particular forma de trabajo.

Para Marie Hélène Estienne, colaboradora cercana del genial director Peter Brook, uno de los propósitos del trabajo escénico de su maestro es compartir, algo que viene a hacer su compañía Théâtres des Bouffes du Nord al Festival Internacional Cervantino. En esta ocasión presenta Una flauta mágica, adaptación de la ópera de Mozart que se estrenó ayer en el Teatro Juárez.
La dramaturga, que desde hace 40 años ha colaborado con el autor de montajes tan célebres como Marat/Sade, La tragedia de Carmen y El Mahabharata, advirtió ayer en conferencia de prensa que en Una flauta mágica “no hay caracterizaciones. Son seres humanos que se expresan, cada quien a su manera. Por ejemplo, La Reina de la Noche no es una mujer atroz, cada persona actúa como un ser humano. El interés principal de este trabajo es otorgar un papel humano a un actor humano y sacarlo de lo operístico”.
Ante la pregunta de qué viene a compartir la compañía francesa con Una flauta mágica, Estienne responde en entrevista:

Paz. Paz y amor, aunque suene fuera de moda. Una flauta mágica habla sobre eso. Si Peter retomó la obra de Mozart es porque es pacífica y poderosa. Si ves la obra sientes algo al final que te da paz, y creo que Mozart tuvo un motivo para hacerla, además de que fue una obra muy popular en su tiempo. Peter sintió que era buen tiempo volver a hacerla ahora.

Peter Brook no está en Guanajuato, ¿le cansa viajar?

No puede viajar porque le dio ciática el año pasado y ahora le cuesta trabajo realizar viajes largos, pero está muy al tanto del trabajo. Llama todos los días y seguimos el proceso de trabajo a través de correos electrónicos. Le importa mucho su trabajo y además le gusta mucho Una flauta mágica. Le llamamos un objeto especial. Creo que le gusta mucho.

¿Cómo fue su encuentro con Peter Brook?

La primera vez que lo conocí fue hace 40 años y yo era periodista, como tú. Escribía primero sobre arte y luego sobre teatro, pero me aburría porque tenía que ir todas las noches al teatro. Le pregunté a Peter: “¿Puedo trabajar contigo?, porque ir al teatro es muy aburrido” Y él me dijo: “Sí, ven”. Ese fue mi inicio.

¿Siente que el teatro puede ser muy aburrido?

Por supuesto, es un sube y baja, pero es importante que se haga teatro, aunque sea aburrido, porque debe mantenerse con vida.

Pero sólo de vez en cuando surge alguien como Peter Brook…

Hay otros en el mundo. En el mundo hay muchos directores buenos —y estoy segura que los hay en México—, y también hay jóvenes que van a ser buenos… Eso esperamos, tenemos que tener esperanza.

¿A los jóvenes de hoy les interesa el teatro?

El nuestro sí. En París nuestro público es muy joven, porque es interesante para la gente joven. Incluso algunos ni siquiera saben quién es Peter, pero vienen a ver algo que es bueno. Es algo que ven con sus propios ojos, no por alguien que ha leído sobre él en un libro.

En estos tiempos de virtualidad, ¿qué tan importante es la cercanía del teatro con el público?

Es muy importante para nosotros, para Peter, que ahora tiene 86 años y quiere compartir algo de calidad con la gente, que sea accesible, que les dé algo que les ayude a seguir adelante. Cuando te gusta algo, lo guardas; cuando ves una buena obra puedes guardarla durante muchos años: pequeñas imágenes, algo quedará en algún lugar. En una noche, si sólo hay una persona que pudo ser tocada por la obra, está bien.

¿Cómo ha permitido Peter Brook el trabajo conjunto con usted?

Poco a poco… (sonríe) Ahora somos muy cercanos. Siento que es más fácil colaborar con alguien que estar solo. En el teatro nunca estás solo, tienes que trabajar con alguien. En el caso de Peter yo creo que ayudo… eso espero (ríe).

¿Qué ha aprendido de él?

A estar despierta en la vida, a ayudar.

¿Y él que ha aprendido de usted?

Nada (ríe).

¿Cuál es la gran contribución de Peter Brook?

Estar en el mundo, no fuera del mundo. Hacer algo cada vez más simple, pero con gran apertura, lo que es muy conmovedor. Recibe cartas de gente que puede ser joven o vieja, pero que dice que se siente bien después de ver sus obras.

¿Como director es una especie de dictador?

No, para nada, eso es una leyenda. Es un hombre muy abierto y muy humano. Cuando trabaja con los actores nunca los presiona ni les dice lo que tienen que hacer. Tampoco es un gurú. Es un hombre muy listo y rápido que trabaja mucho. Trabaja mucho ahora que tiene 86 años; va tan rápido que a veces tienes que pararlo. No puedes con su ritmo, tienes que ir detrás de él.

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Una flauta mágica se presentará los días 24 y 25 en el Teatro Julio Castillo de la Ciudad de México.