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Eddy Díaz Souza. Foto: Sergio Andricaín.

El jueves 8 de mayo, a las 8:00 pm, la Fundación Cuatrogatos realizará la presentación del libro El príncipe y el mar, de Eddy Díaz Souza, publicado por Panamericana Editorial en su colección de teatro infantil y juvenil Primer acto, con ilustraciones de Esperanza Vallejo.

El evento, que se realizará en el Koubek Center (2705 SW 3rd Street, Miami, FL 33135), con el auspicio de The Center @ Miami Dade College, contará con la participación del autor y de los escritores Matías Montes Huidobro y Sergio Andricaín. También tendrá como invitados a los actores Daisy Fontao y Leandro Peraza, quienes leerán escenas de la obra. La entrada es libre.

Cuatrogatos conversó con el narrador y dramaturgo Eddy Díaz Souza, fundador y director de Artefactus Cultural Project, sobre este nuevo libro que se suma a los que ha publicado anteriormente (Bernardino Soñador y su cafetera mágica, Cuentos de brujas, Alas de primavera).

¿Cómo y por qué surgió El príncipe y el mar?

En 1991 llegué a Venezuela. Atrás, o más bien dentro, en algún espacio de mi cuerpo y mi memoria, quedaron los paisajes del pueblo natal, la Calzada de 10 de octubre, una máquina de escribir Underwood, mi biblioteca personal, proyectos y amigos. Recomenzar es siempre un propósito complejo y a veces doloroso, pero Caracas era amable por aquel entonces, una ciudad reinventada por la luz, diáfana, plena de colores vivos que bajaban del Ávila, para impregnarlo todo de un carácter festivo. En esta ciudad y en este marco escribí, alrededor de 1998, El príncipe y el mar, siete años después que partiera de Cuba. No obstante, la pieza es esencialmente cubana, sin negar por ello la universalidad del tema.

La obra revisa un tipo de comunicación intrafamiliar, basada en la sobreprotección y la relación paternalista. También puede leerse como una analogía de los sistemas de poder autoritario. Por estos rumbos va el texto, dialogando con el niño y el adulto a partir de una estructura que juega al teatro dentro del teatro. También invita a reflexionar sobre la vejez, la soledad, la libertad y la constancia para lograr los proyectos de vida.

¿Cuáles han sido tus principales influencias y paradigmas como autor de obras de teatro para niños?

Mi primera creación dramatúrgica para niños, proponía la historia de una oruga en busca de su imagen y de la imagen del amor. Aquel pequeño y taciturno universo de insectos y seres míticos, se revelaban entonces en mi interior y se mezclaban con la poética de Federico García Lorca. Hasta hoy pervive su huella en mi literatura. También me atrajo el teatro romántico de Pushkin, especialmente Ondina, pieza trágica y lírica en la que retoma el folclore ruso. Me cautivaron las historias y personajes de Antón Chéjov y la aventura tras el pájaro azul, del simbolista Maurice Maeterlinck. De J. M. Barrie aprendí que el periodo de la niñez puede prolongarse más allá de la edad biológica.

La lectura de Lewis Carroll añadió la cuota de absurdo que hay en mis obras. Algo hay en ellas igualmente de la narrativa de León Tolstoi y Juan Ramón Jiménez, escritores que marcaron mi niñez y mi sensibilidad literaria, uno con sus fábulas y valores; el otro, con sus paisajes y escenarios coloreados. En mis inicios coinciden también Dora Alonso y Javier Villafañe, a quienes releí y disfruté como lector, autor y director de escena. Por último, la radio. No puedo olvidar la radio. Después del mediodía tocaba mi siesta obligatoria. Era la hora que aprovechaba mi madre para adelantar sus labores y escuchar sus novelas radiales. A veces era imposible dormir, sobre todo si el viento crujía implacable sobre las cumbres borrascosas.

¿Qué representa para ti que Panamericana Editorial haya publicado tu obra dentro de su colección Primer acto?

Panamericana Editorial, de Colombia, ha crecido notablemente estos últimos años, tanto en su catálogo de autores y títulos, como en calidad y originalidad de sus propuestas. De igual modo es de gran satisfacción formar parte de este grupo de destacados escritores que respaldan la colección, como Carlos José Reyes, Triunfo Arciniegas, Iván Darío Álvarez y Antonio Orlando Rodríguez, entre otros. Celebro el hecho de que la editorial, con la creación de Primer Acto, haya contribuido a la difusión del teatro para niños, con textos de calidad y excelentes propuestas gráficas. Sobre todo en estos tiempos en que el mundo editorial (con asombrosas excepciones) ha dado la espalda a la dramaturgia infantil, de la cual se nutren profesionales del teatro y la educación, y algunos lectores fieles al género. Agradezco por ello a Panamericana esta oportunidad.

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¿Qué opinas sobre las ilustraciones que realizó Esperanza Vallejo para esta edición?

Conocía a Esperanza por los libros que había ilustrado, especialmente por Yo, Mónica y el monstruo, de Antonio Orlando Rodríguez y Cuentos de La Edad de Oro, de José Martí. En el primero, sus imágenes eran tan divertidas como el color desbordante y encendido. En el segundo, prodigaba ternura e imaginación. Vallejo es una artista que provoca el asombro. Esa fue mi primera reacción ante sus ilustraciones para El príncipe y el mar. Asombro, admiración y emoción. En estas imágenes hay un toque lúdico y lírico que construye otros niveles de lectura. Y luego, esas líneas en carboncillo y los colores pasteles, dan una sensación de movimiento e irrealidad que aprehende, exactamente, el espíritu de la obra.

En el año 1988, cuando eras un autor muy joven, importantes grupos de teatro de Cuba estrenaron las obras de teatro para niños con las que te diste a conocer. A 25 años de tu primer estreno, ¿qué ha cambiado y qué se mantiene intacto en tu trabajo como dramaturgo para niños?

La primera obra fue estrenada por Fernando Sáez, en 1988, con el Centro Experimental de Teatro de Villa Clara. Luego llegó la puesta de Mario Guerrero, que no pude ver, y años más tarde, se produjo otro estreno a cargo de Freddys Núñez Estenoz para Teatro del viento. De entonces a estos días he revisado y reconstruido estas primeras piezas. Las obras más recientes, sin embargo, proponen un lenguaje más realista y situaciones más concretas y cotidianas, que impactan de algún modo la vida del niño de hoy. Asumo con más frecuencia el tema de la identidad y la familia, las relaciones entre adultos y niños, los conflictos generacionales, la confrontación entre deseo y realidad, entre pasado y futuro. Quiero que mi teatro sea un juego de construcción y deconstrucción de la memoria. Eso sí, queda intacta la finalidad poética y el recurso lúdico como alternativa para aprender sin dejar de divertirse.

El príncipe y el mar: ¿ teatro para niños o teatro para toda la familia?

Un teatro con vías alternas para lograr comunicarse con adultos y pequeños; un teatro con ideas para todos los espectadores.