Foto: Julio de la Nuez.
Foto: Julio de la Nuez.

Por Pedro Pablo Pérez Santisteban

Revista literaria Entre Líneas

Llegar hasta Artefactus Teatro es sin lugar a dudas una cita con el buen gusto, donde texto y actuaciones se conjugan para mostrar un excelente teatro. En esta oportunidad corresponde al libreto y puesta en escena de Eddy Díaz Souza, para desarrollar “la mentira”, un tema donde todos, de un modo u otro, hemos tocado sus praderas para buscar la subsistencia del ser humano, o sobrevivir a situaciones que la vida pone en nuestro camino.

“Miénteme” es el título que Souza, coloca a esta obra que engarza a tres historias diferentes: “Dispara, Guillermo Tell”, “Abrázame fuerte” y “Alivio”. Cada una de ellas navega por distintas aguas, donde mentir o mentirse, es el pan del sustento de los argumentos que hace sacar a los actores un brillo impecable en sus actuaciones.

No pude disfrutar de “Abrázame fuerte”, por situaciones ajenas a la producción. Pero sí se deleitaron mis sentidos con: “Dispara, Guillermo Tell” y Alivio. En la primera de estas dos, el actor Leandro Peraza demuestra una vez más su versatilidad y capacidad actoral, donde el desdoblamiento de personajes masculinos y femeninos en este increíble monólogo, lo ubica en alto pedestal en esta puesta en escena, y deja en el espectador el sabor agridulce de la nostalgia…

Por su parte, la actriz Marcia Arencibia enfatiza de manera creíble sus facultades histriónicas, para pasearse airosa de la comedia al drama. Respaldada por Yosiel Rodríguez, quien se ubica en escena como el “hombre de alquiler” con convincente actuación, para que Eloísa, (Marcia Arencibia) logre vivir su mentira, quizás con la esperanza de un cambio, o con la convicción de un dolor y una verdad irrefutable.

Ambas historias llevan en sus textos el poder del entretenimiento teatral, subrayadas por una puesta en escena respetable, pero sobretodo logran el cometido que a una buena obra no le puede faltar: que el público reflexione ante los hechos, ante cada historia, ante cada personaje, para luego dejar que el aplauso brote honesto, acompañado de una lágrima o de una sonrisa…