Foto cortesía de Julio de la Nuez.
Romina Musach y Fernando Goicochea. Foto cortesía de Julio de la Nuez.

José Abreu Felippe
Especial/El Nuevo Herald/junio 21, 2016

Cuenta el historiador y geógrafo Herodoto de Halicarnaso que emigrantes en busca de una nueva patria, guiados por el príncipe Tirreno, al llegar a las costas italianas, en agradecimiento y en honor a su guía, tomaron el nombre de tirrenos. Así también se le llamó al mar que bañaba esas costas. El Mar Tirreno, que se me antoja de un azul profundo, se extiende al oeste de la península italiana entre las islas de Córcega, Cerdeña y Sicilia. Se afirma que en esa zona desapareció un pionero de la aviación, el autor de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944). En esa última misión de reconocimiento, el 31 de julio de 1944, pretendía recoger información de inteligencia sobre los movimientos de las tropas alemanas en el valle del Ródano y sus alrededores, antes de la invasión aliada del sur de Francia. Partió a las 8:45 horas de una base aérea en Córcega, a bordo de un Lightning P-38. Tenía una autonomía de vuelo de 6 horas. Nunca regresó.

Azul Tirreno, pieza de José Manuel Domínguez con una producción de Antiheroes Project en colaboración con Artefactus Cultural Project, comienza –si obviamos los prescindibles monólogos iniciales– con otro accidente. El 30 de diciembre de 1935, después de un largo y complicado viaje, Saint-Exupéry y su navegador André Prevot se vieron obligados a realizar un aterrizaje forzoso en el desierto del Sahara. Volaba en un Caudron C-630 Simoun n7041, con matrícula F-ANRY. Quería batir un récord y ganar un jugoso premio. Antoine y André sobrevivieron al aterrizaje, apenas tenían para comer unas pocas uvas, dos naranjas y una pequeña ración de vino. Se salvaron de morir deshidratados por el intenso calor, gracias a un beduino.

Foto cortesía de Julio de la Nuez.
Belén Curiuni y Yerandy Bazart. Foto cortesía de Julio de la Nuez.

Muy imaginativa, envuelta en una atmósfera entre onírica y lírica, la pieza nos muestra a los dos hombres tras el accidente, Tonio, Antoine (Fernando Goicochea, que también codirige la obra) y a su ayudante y mecánico André (Yerandy Basart), ambos con overol. Al fondo, en los extremos hay dos camastros que se transforman en las alas y el fuselaje de su avión –podemos leer la matrícula, F-ANRY, en una de las alas–; y en las paredes laterales, mapas, rutas trazadas, datos de vuelos. A partir de ahí, la obra –utilizando acontecimientos y personajes de la vida de Saint-Exupéry, algunos reales, otros de ficción– reconstruye el entorno y los avatares de su azarosa existencia, entre ellos, la muerte de su hermano en plena adolescencia. Así aparece la madre (Belén Curiuni), cerrada de azul, transportando a los espectadores al mundo de la infancia, pura magia y poesía; Consuelo, la esposa salvadoreña del piloto (Romina Musach), vestida de negro; y el amigo, también piloto, muerto en combate, Henri Guillaumet (Juan Echeverri).

Estos pocos actores, algunos desdoblándose en varios personajes, levantan el andamiaje de esta impactante pieza donde lo que prima es la poesía. Una poesía del lenguaje, sí, pero cargada de oscuros presagios, de símbolos –no pocos relacionados con su obra maestra–, porque la muerte es aquí casi otro personaje. Desde que su ayudante lo despierta el día de su último vuelo hasta el impresionante monólogo final, la muerte lo acompaña y parece que lo guía hacia su destino. Está ahí ese postrer día en la vida de Saint-Exupéry, pero también los primeros, y sus quebrantos, sus viajes, porque entre todos ayudan a imaginar el alma de este hombre aventurero, de este gran y enigmático escritor. Su muerte sigue siendo un misterio en el que esta pieza intenta penetrar.

Un hermoso trabajo de conjunto –una banda sonora espléndida, un trabajo de luces conveniente y preciso– donde cada uno de los actores y actrices es una pieza clave de un puzzle, que se completa, que se arma, para alcanzar la armonía.

Foto cortesía de Julio de la Nuez.
Juan Echeverri como Henri Guillaumet. Foto cortesía de Julio de la Nuez.

‘Azul Tirreno’, en Artefactus, Teatro del Fin del Mundo.

En español con supertítulos en inglés.
12302 SW 133 Ct. Miami, Fl 33186
Teléfonos: 786-975-4891 y 786-704-571.
Sábados, 8:30 p.m.; domingos 6 p.m. http://www.facebook.com/azultirreno/