Foto de Ingeborg Portales.

Hay historias que ni al ser confesadas en voz alta logran redimir los crímenes cometidos. Así pudiera resumirse el argumento de Gas en los poros, el drama de dos mujeres que se enfrentan al tribunal de sus respectivas conciencias intentando, vanamente, enterrar los recuerdos de sus viles acciones. Esta pieza teatral, dada a conocer por el cubano Matías Montes Huidobro en 1961, sigue teniendo vigencia en la actualidad a la luz de los horrores cometidos por las dictaduras de derecha e izquierda hasta el día de hoy.
El director Eddy Díaz Souza la presenta ahora al público de Miami en un montaje que descansa en el duelo verbal que mantienen las protagonistas: una Madre y su Hija. Para ello recrea una habitación, de atmósfera asfixiante y decadente, en el escenario, y será allí donde ambos personajes, interpretados por Daisy Fontao y Belkis Proenza, ejecutarán un ceremonial oscuro que convoca a los fantasmas del ayer.

Sergio Andricaín.

Foto de Ingeborg Portales.

Intensa puesta en escena, con la profundidad y la limpieza a la que nos tiene ya acostumbrados Eddy Díaz Souza… y un par de actuaciones que honran el teatro como arte.

Jorge Carrigan.

Foto de Ingeborg Portales.

Estreno de Gas en los poros, de Matias Montes Huidobro, bajo la dirección de Eddy Díaz Souza. Una maravillosa propuesta teatral que nos acerca a una Cuba en el comienzo de los años 60. Valiente dirección de Eddy, muy creativa puesta, con escenografía y música impecables, y luces de Leandro Peraza Viso. Muy lograda actuación de Belkis Proenza, mostrando que es una actriz con mayúsculas y, por su parte, la consagrada actriz Daisy Fontao nos regala una interpretación seria y creíble, ambas comprometidas con su obra y su público. Muy recomendada para toda la gente de Miami.

Manuel Paneque Lahenz.

”Gas en los poros”: A mal tiempo, buen teatro

Sin dudas, las actuaciones de Daisy Fontao y Belkis Proenza darán mucho de que hablar durante y después de la temporada de Gas en los poros. En su estreno de anoche, 4 de marzo en la sala Artefactus, la obra recibió una ovación de largos aplausos y gritos de bravo por parte de un público convencido de que estaba frente a un producto que se venderá como el pan caliente.
La puesta es una de esas obras en las que desde la primera línea de Belkis me quedé arrobado, inmerso en una atmósfera que se me antojaba extraña, casi ajena a los textos del maestro Matías Montes Huidobro. Estrenada en La Habana de 1961 por el pionero de la escena cubana contemporánea Francisco Morín, el texto exhibe, 56 años después en el Miami de 2017, una vigencia magnética. ¿Por qué magnética? En primer lugar, sin dudas, porque el drama de Matías es exelente y ha vencido tranquilamente la prueba del tiempo, porque puesto en boca de estas dos grandes de la escena local se vuelve sumamente provocador, pero sobre todo porque el montaje de Eddy es exquisito, ese adjetivo que le tengo reservado sólo a grandes puestas en escena y a delicias gastronómicas de fina rareza.
La mano de Eddy se posa sobre la escritura cruel y oscura de Gas en los poros para dotarla de una belleza y una suavidad casi traidoras. Su quehacer ha impuesto el buen gusto y la frialdad matemática en el teatro de Miami como parte de su sello personal; un buen gusto que escuece como sal en las heridas del maltrecho teatro nuestro, una frialdad extremadamente cálida, conciente, resultado de una depuración creativa que trasciende nuestro tiempo y nuestro sur florido.
Con una banda sonora sobriamente diseñada, que va de Lecuona a la Luisa Fernanda, pasando por compositores contemporáneos de vanguardia, el ritual de esta madre y esta hija que se han quedado aisladas en un mundo turbulento tiene un tercer personaje; al decir de Ann Ubersfeld, un tercer actante: un sótano de donde emergen los más oscuros recuerdos.
Ahí está, en Artefactus Teatro, un resultado alentador. A despecho de su atmófera de encierro, una obra que se resuelve con unmontaje limpio y luminoso, como en las mejores historias de Hemingway. Gas en los poros es uno de esos griales escénicos que me harán buscar siempre algo nuevo en el teatro, el que sea, no importa donde esté, en el fin o en el principio del mundo. Uno de esos trabajos que me corroboran que al mal tiempo, sólo lo podremos superar con magníficas actuaciones, con buen tino y mejor teatro.
Adelante y gracias a todo el equipo de Artefactus, a Carlos Arteaga, a Leandro Peraza, a todos los que pusieron manos a la obra junto a los principales armadores de esta nave maravillosa.

José Manuel Domínguez.